Volando entre paredes

Volando entre paredes

julio 22, 2017

trabajar cansa




Cada día el silencio de la habitación solitaria
se cierra sobre el leve chapoteo de los gestos,
como el aire. Cada día, la breve ventana
se abre inmóvil al aire que calla. La voz
ronca y dulce no regresa en el fresco silencio.

Se abre como el aliento de quien va a hablar,
el aire inmóvil, y calla. Cada día es lo mismo.
Y la voz es la misma, no rompe el silencio,
ronca e igual para siempre en la inmovilidad
del recuerdo. La clara ventana acompaña
con su latido breve la calma de entonces.

Cada gesto golpea la calma de entonces.
Si sonara la voz, volvería el dolor.
Volverían los gestos en el aire perplejo
y palabras palabras en la voz apagada.
Si se oyese la voz, aun el latido breve
del silencio que dura se haría dolor.

Regresarían los gestos del vano dolor,
golpeando las cosas en el fragor del tiempo.
Pero la voz no regresa, y el susurro remoto
no encrespa el recuerdo. La luz inmóvil
da su latido fresco. Siempre el silencio
callará, ronco y apagado en el recuerdo.

Cesare Pavese