Volando entre paredes

Volando entre paredes

octubre 06, 2016

los espejos


Madrugábamos mucho. El día pasaba pronto
entre jefes, amigos y reuniones diversas.
Y hacíamos muchas cosas: detallados informes
planes, llamadas, controles, objetivos,
chistes maledicentes sobre los pobres que perdían el 
                                                                    [tiempo...
Viajábamos en trenes, en aviones,
y quedábamos luego en los hoteles
charlando hasta muy tarde para huir del insomnio.

Nuestros hijos nacieron mientras tanto,
(algunos in absentia).
Luego se hicieron grandes
y nosotros
les mandamos postales desde Londres.

Y así pasaron lustros y, de pronto,
miramos al estrado y allí estaba
el primum inter pares,
el ejemplo
de nuestra juventud,
arrugado, cetrino, balbuciente
y cercano a la muerte,
patético en su afán por seguir vivo.


Y pensamos: qué viejo...
Pero luego nos fuimos al espejo
y lo que vimos
no permitió ilusiones:
también tú y yo, y todos los mejores,
teníamos una arruga muy profunda,
que más que señalar nuestra vejez
mostraba sin piedad nuestro fracaso.

Antonio Fernández Montoya, "La casa sumergida"