Volando entre paredes

Volando entre paredes

julio 19, 2016

Por lo mismo

El hombre feliz se siente a gusto sólo porque los infelices llevan su carga en silencio,
y sin este silencio la felicidad sería imposible. Sería menester que tras la puerta de cada
hombre satisfecho y feliz se pusiera alguien con un pequeño martillo y, golpeando con él,
le recordara sin cesar que hay infelices, que por muy feliz que sea uno, la vida le enseñará
sus garras tarde o temprano, que le ocurrirá una desgracia –enfermedad, penuria, pérdidas–,
y que nadie le verá ni le oirá por lo mismo que él ahora no ve ni oye a otros.
El individuo feliz vive a sus anchas, los pequeños quehaceres de la vida le agitan levemente
como agita el viento los álamos.

Chéjov, "La señora del perrito y otros cuentos"