Volando entre paredes

Volando entre paredes

abril 30, 2016

Andar despacio

La ilusión de la velocidad consiste en creer que te hace ganar tiempo.
A primera vista el cálculo parece sencillo: hacer las cosas en dos horas en lugar de tres, 
ganar una hora. Es un cálculo abstracto sin embargo: se hace como si cada hora del día
fuera la de un reloj mecánico, absolutamente igual. Pero la precipitación y la velocidad 
aceleran el tiempo, se pasa más de prisa, y dos horas de prisas acortan una jornada.
Cada instante se rompe a fuerza de segmentarlo, de llenarlo hasta reventar, en una hora
se amontonan muchísimas cosas. Los días en que se camina despacio son largos, vives más
tiempo porque te has permitido respirar, has dejado que se haga más profunda cada hora,
cada minuto, cada segundo, en lugar de llenarlos hasta arriba, dando de sí las costuras.
La lentitud consiste en adherirse perfectamente al tiempo, hasta el punto de que los segundos
se desgranan, gotean como la lluvia sobre la piedra. Este estiramiento del tiempo profundiza
el espacio. Es uno de los secretos de la marcha: un acercamiento lento a los paisajes,
que los vuelve progresivamente familiares.
Es como cuando se frecuenta a alguien y la amistad va acrecentándose.

Frédèrick Gross