Volando entre paredes

Volando entre paredes

marzo 07, 2016

Sin embargo

Sin embargo,
 sin embargo,
 sin embargo… No me
 fío de mí. Nada es
 permanente. Menos
 lo es la palabra. Esto
 tampoco,
 esto tampoco,
 esto tampoco. No me fío,
 no te fíes de quien
 dice, de quien
 habla, de lo que se
 dice, de lo que dices,
 de lo que digo,
 no me fíes,
 no te fío.
 La lucidez es una chispa, un
 estado de conciencia
 en las multiplicadas estancias
 de la conciencia o que hacen
 conciencia, las estancias
 que se alargan, se prolongan, se
 continúan, y así
 se le llama conciencia
 a aquella continuidad.
 No me fío, no te
 fíes de las estancias,
 se estrechan,
 se acortan,
 se invaden,
 desaparecen,
 la lucidez es un instante
 entre estancias,
 ventanas en la mónada que
 si permanece bajo
 la luz del foco se hace estancia,
 también ella, y sufre
 las mismas convulsiones.
 Sin embargo,
 sin embargo,
 sin embargo… lo
 que intuyo ahora
 se borrará mañana,
 luego,
 ahora,
 apenas se haga pensamiento,
 conciencia: estancia. Atrapamos
 la sensación que invade las entrañas,
 muy abajo,
 muy adentro,
 muy homogénea, la atrapamos
 y la hacemos eso: “sensación”,
 la nombramos,
 la describimos… la perdemos. Ya
 no es ella, ya no es eso, ya no es.
 Aún está allí pero
 no es lo que digo,
 lo es apenas,
 no es lo que oís,
 no es eso, no
 os fiéis,
 no me fíes,
 no te fío.
De nuevo cae la tarde,
 mengua la luz.
 Los colores del otoño vienen del oeste,
 decía aquel poeta chino.
 El mundo está en mí.
 No me apartaré.
 Acojo todos los colores, el
 estío dentro de mi otoño,
 porque sé que no
 hay fin, que no habrá término.
 Todo comienza y termina en mí.
 Yo soy el infinito proyecto de mí misma
 por encima de mí
 me sobrevuelo.

Chantal Maillard, “Lógica borrosa”