Volando entre paredes

Volando entre paredes

diciembre 22, 2015

Nunca... jamás

Nunca me consolaré de la muerte de las ilusiones. Me he pasado la vida educando a mi espíritu para
hacerlo capaz de aceptación, para que no olvide nunca que nada le es debido y que no está aquí para
exigir e imponer, sino para valorar y aprender. ¡Pero el alma! (el alma oscura –ánima- es más animosa, animada y animal que el espíritu), el fondo de mi alma nunca dejó de estar convencido de que nos fue
desde siempre prometida la luz, o lo que es lo mismo, nos fue prometido el amor. Que la vida es sagrada porque vinimos a ella de la mano de la Promesa, que todas las ilusiones son legítimas y que defraudarnos
tan impíamente de ellas es efectivamente un fraude con el que no hay que pactar jamás.

Tomás Segovia, “El tiempo en los brazos”.

Andrea Kiss, fotografía