Volando entre paredes

Volando entre paredes

diciembre 24, 2015

El cultivo de árboles de Navidad

De las diversas maneras de vivir la Navidad,
 hay algunas que merecen nuestro desdén:
 la social, la inerte, la descaradamente comercial,
 la de la bullanga (los pubs abiertos hasta medianoche),
 y la pueril – que no es la del niño
 para quien una vela es una estrella y el ángel dorado,
 que en la cumbre del árbol abre sus alas,
 no es sólo un simple adorno, sino un ángel.
 El arrobo del niño ante el Árbol de Navidad:
 dejadle conservar el espíritu del asombro
 ante la Fiesta, como un suceso no usado como excusa;
 de forma que el arrebato deslumbrante, la fascinación
 del primer Árbol de Navidad rememorado;
 de modo que las sorpresas, el deleite de las nuevas posesiones
 (cada una con su excitante y particular aroma),
 la expectación por el ganso o el pavo
 y la esperada impresión causada por su llegada;
 de forma que la veneración y el regocijo
 no sean olvidados en la experiencia por venir,
 en la aburrida rutina, la fatiga, el tedio,
 la conciencia del fracaso, la muerte ya advertida;
 o en la devoción del converso,
 a veces manchada por la arrogancia,
 tan desagradable a Dios como irreverente con los niños
 (y aquí con gratitud recuerdo además
 a Santa Lucía, su villancico, y su corona de fuego):
 de modo que antes del fin, en la octogésima Navidad
 (entiéndase por tal la última, sea cual sea),
 los recuerdos acumulados por aquella emoción anual
 puedan ser concentrados en una inmensa alegría
 que traerá también un enorme temor,
 como cuando el miedo cae sobre cada alma:
 porque el comienzo nos hará recordar el final
 y la primera venida a la segunda llegada.

 Thomas Stearns ELIOT.
 Traducción al castellano: Enrique Martín Ferrera.

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