Volando entre paredes

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octubre 16, 2015

¿Víctima de la indiferencia?

Sigmund Freud afirmaba que "lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia".
Es, quizás, uno de los sentimientos más dolorosos que un ser humano puede vivir, sobre
todo cuando la indiferencia proviene de alguien querido.
Amado Nervo decía: “Quiero a quien me quiere y olvido a quien me olvida”.  Es una posible
solución, pero en mi opinión sólo quien posee un carácter fuerte y goza de una 
situación que le proporciona cierta seguridad, puede abstraerse de la indiferencia sin verse
afectado de forma más o menos permanente.
El profesor de filosofía Alfonso Fernández Tresguerres, en su escrito «Sobre la indiferencia»,
analiza una frase del filósofo griego Pirrón de Elis, que decía: «Todo me es igual».
Comenta Tresguerres que, aun admitiendo que se trata de un sabio consejo, "sospecho que ha
de hacerse de él un uso prudente, porque, al igual que ocurre con cualquier medicina, tal vez en
exceso mata, más que cura. No podemos ni debemos ser indiferentes a todo, porque ello supondría
incurrir unas veces en la inmoralidad y otras en la estupidez: en ser, en sentido estricto, idiotas;
esto es, ocupados en exclusiva de nuestros propios asuntos, sumidos en una especie de autismo
afectivo e intelectual. Pero aquello de lo que no podemos o no debemos desentendernos no
son más que un puñado de cosas, tan pocas que acaso quepa contarlas con los dedos de una mano".
Con la observación, y ayudado con algunas patadas emocionales, he llegado al convencimiento de
que la indiferencia endurece psicológicamente y además impide identificarse con los problemas ajenos. 
A fuerza de ser indiferente, quién practica la indiferencia niega el afecto y la compasión, cayendo 
en el aislamiento interior.
Muchas de estas personas resultan exteriormente muy sociables, e incluso simpáticas. Hay un buen 
número de ellas que impregnan sus relaciones con empatía y encanto, pero son totalmente indiferentes 
en sus sentimientos hacia los demás.
Dice Ramiro Calle que "la indiferencia es muchas veces una actitud auto-defensiva y neurótica, 
que atrinchera el yo de la persona por miedo a ser menospreciado, desconsiderado, herido, puesto
en tela  de juicio o ignorado. Podría decirse que al tener muchas dificultades en la relación humana, 
opta neuróticamente por la indiferencia, lo que irá en grave detrimento de su desarrollo interior, ya
que para crecer y que nuestras potencialidades fluyan armónica y naturalmente se requiere sensibilidad,
que es la quintaesencia del aprendizaje vital y del buen desenvolvimiento de nuestras potencialidades
más elevadas, si bien nunca hay que confundir la sensibilidad con la sensiblería, la pusilanimidad 
o la susceptibilidad..."

En ocasiones he confundido a quien desprecia con quien domina, y andaba yo errado. A veces 
quien desprecia se autodefiende por miedo al dolor, o porque no ha visto satisfecha su necesidad
de cariño. En fin, por muchas causas que le inducen, sea consciente o inconscientemente, a recurrir
a esa autodefensa como otras personas recurren a la autoidealización o el perfeccionismo en un afán 
por demostrar su valía.
En cualquier caso, parecen «soluciones» patológicas.
Así que... quizás sea bueno no temer tanto a la indiferencia, aunque resulte muy difícil...
Andaba yo pensando en todo esto porque he recordado algo...
Creo que voy a comprar fruta.

Guillermo Asián

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