Volando entre paredes

Volando entre paredes

mayo 04, 2015

De lo que acontece...

Cuando culpabilices a alguien de los derroteros de tu vida, y lo hagas señalándolo con el dedo
de una de tus manos, no olvides que el resto de los dedos de esa misma mano te están señalando solamente a ti.
Esos tres dedos insolentes me han llevado al mal traer a lo largo de toda vida, hasta el punto de llevarme a practicar conmigo un auténtica y soberbia escabechina, del mismo modo, y con igual intensidad, que se hace con un enemigo de guerra.
La autocrítica es un remedio más que saludable para la salud del espíritu, pero, cuando la rehúyen aquellos que te acompañan, acaba conduciéndote al infierno. al tiempo de que descargas a quienes dicen quererte de toda responsabilidad sobre las cosas que acontecen, sometiéndote a ti mismo a
una auténtica carnicería, otorgas de antemano la paz de la inocencia a quien nunca -¡nunca, nunca!-
 lo es del todo y, probablemente, nunca la merezca en menor medida que tú.
Estoy agotado ya: cometí muchos errores, pero ninguno de ellos me ha convertido en el peor de los hombres. Por mucho que haya un tonto que libere a alguien de la dolorosa tarea enfrentarse con madurez a su propia responsabilidad en las cosas que ocurren, nadie con dos dedos de frente puede decir que no lo sea; basta ya de echar balones fuera, y pague por sus actos cada cual lo que le toca: que nadie se exima de su cuota de responsabilidad ni pretenda presentarse como puro de mancha.
Y aunque merezca mi parte en el reproche por aquello que, pudiendo, no pude hacer mejor, asumir
la culpa por entero es una locura que YO YA NO ESTOY DISPUESTO A VOLVER A VIVIR, y sólo por una y única razón: porque no me da la gana.
Con mi afecto, que no es poco -aunque ya lo es menos- el que aún me queda.
    
Carlos Morales del Coso

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