Volando entre paredes

Volando entre paredes

enero 19, 2014


 Para que un pronombre tenga cuerpo,
para que su sombra escueta se levante
y su gris indiferencia nos despierte,
una sola grieta se precisa, un temblor
en medio de ese mar de rostros que pasan
sin traer un rostro claro a la memoria.
Algo que hunda el pecho como un golpe
y en su onda expansiva lo contraiga...
hasta deformarlo tercamente a su capricho.
Que no haya forma de huir de su desdicha.
Y que cuando queramos de nuevo pronunciarlo
en otro cuerpo, grite y maldiga y se revuelva
y nos recuerde que nunca más sabrá a lo mismo
ese tú tan tuyo que aún habita en el pronombre.

Alfonso Brezmes